miércoles, 2 de noviembre de 2011



          DANIEL SALZANO












Salzanitos


Mis hijos serán trompetistas, o no serán nada,

les prohibo cirujanos, arquitectos,
mucho menos banqueros, hombres de la Bolsa. Serán trompetistas, maravillas desde chicos
en el zapato de Reyes, la corchea;
en el otro zapato el de las fuccias.
Después les compró la bolsa la vida,
les doy almanaques de caballos,
les compro aparatos con cosquillas.
Los pongo contra el cielo,
les explico de Dios y de Louis Amstrong.
Mis hijos serán descalzos, errabundos detenidos, palpados de uno o más amores,
Hm! les encontrarán, es claro, la trompeta.
Andarán por tío vivos con palabras giratorias, tendrán amigos, enemigos, ex amigos.
Tendrán que empeñar su palabra, su café,
"pero no empeñarán nunca su trompeta", les diré, "pues una trompeta, es una trompeta" ...
Les regalaré una gamuza de gamuza ...
Les haré escribir "bis" en los retretes
Eso haré, eso serán ...Y aquí va mi testamento:
Les dejo un repertorio de tristezas,
úsenlo ... sólo de vez en cuando.
El día de mi muerte vayan todos al entierro;
lleven sacos colorados, lleven la trompeta;
toquen "Rosa", "Madreselva" ...
o algœn otro blues ...
Pero, cuidado, lleven las bufandas: en los cementerios se muere de amor y frío ...
Y yo los amo tanto ... !!!



Ando bien



De amigos ando bien / Supongamos que estoy en un bar / rodeado de sillas/ ¿Qué hora tiene mozo? / Son las once y diez / ¿Qué hora tiene mozo?/ Son las once y veintitrés / De amigos ando bien / pero son las doce menos cinco / y las sillas siguen vacías.


De libros ando bien / en eso las cosas no han cambiado/ sigo calentándome / con libros / debajo de las sábanas / Estoy esperando / ir al psicoanalista / para darle mi opinión: / duermo con libros / doctor / porque soy un niño / de sesenta años / que le teme a la ignorancia .


De penas ando bien / las penas se meten en la vida / a una cierta edad / y van aumentando de peso / Cuando digo que de penas ando bien / quiero decir que me usan el champú / el teléfono / y me ocupan el sillón / como Clint Eastwood / con las botas encima de la mesa.


De penas ando bien / y de lluvias / también / Podría describir / con lujo de detalles / cómo quedan las botas de la pena / después de pisar el agua de la lluvia / Ando bien / en serio / ando muy bien.


De sueños ando bien / cuando no sueño que reparto besos al voleo / es que viene el chico de La isla del tesoro y me pregunta no se qué cosa / quiero decir que de pibes ando bien / De penas ando bien / Y de ausencias : / en el diario busco la página de los muertos / y paso la yema del pulgar / sobre las palabras / y las fotos.


De fotos ando bien / Tengo una de Orson Welles / otra del Pato Donald / y una del año 1983 / en la que salgo / después de las elecciones / levantando los brazos / oé oé oé / Del corazón en cambio / no ando bien / me parezco al cieguito / que vende lotería / en la puerta de Barujel / tengo el 77 / los puñales / tengo el 18 / la sangre.




Me gusta llorar



No me gustan los gritos / Ni los tipos que hablan por teléfono en el bar y se echan para atrás diciendo ¿me escuchás? / Me gustan las palabras / Me gustan los nombres:/ Ambrosio Olmos / Fino Pizarro / Osmar Maderna / Argentino Peñarol.


Otra cosa que me gusta es el corazón / El corazón de los elefantes mide cincuenta por cincuenta / el de los gorilas está rodeado por unos surcos que lo envuelven / como un matambre / son los famosos llamados de la selva / Me gusta mi corazón tal como lo radiografiaron / en el Hospital Italiano / en 1978 / parece el puño de un niño / enojado.


En una película / BODAS REALES / Fred Astaire / se levantaba se bañaba se secaba con la toalla / ponía un disco / empezaba a bailar / y cuando terminaba / ya sabía qué camisa / debía ponerse/ Fred Astaire es otro nombre / que me gusta mucho.


No he visto nada más hermoso que un niño dormido / No he visto nada más hermoso que KING KONG / la versión de 1933 / me gustaría encontrarlo alguna vez / y preguntarle si valió la pena amar hasta morir / Acabo de advertir que las películas que más me gustan son en blanco y negro : / El BUSCAVIDAS / EL HOMBRE QUE MATO A LIBERTY BALANCE / y una que vi en el salón de actos de Unione e Fratellanza: un padre y un hijo / robaban una bicicleta.


Me gusta llorar/ y las mujeres que lloran / Me enamoré de una lágrima propiamente dicha / asomada a los ojos de mi mujer.


¿Han escuchado alguna vez a Bix Beiderbecke? / Cuando Bix tocaba / las chicas comenzaban a bailar / y desaparecían en el aire / A veces me peino como él / y salgo a caminar con el diario enrollado debajo del brazo/ Así llevaba él la trompeta Me gusta / Beiderbecke.


Cada vez que veo una revista vieja le paso la mano por la tapa / En la del Rayo Rojo salía Colt Miller / en la del El Gráfico salía Pedro Salas / y en la de Radiolandia salía Amelia Bence / De grande me hubiera gustado ser como Armando Bó / y tener una novia como Gene Tierney / ¿Es verdad lo que andan diciendo por ahí Gene Tierney que te has muerto?


Odio subir escaleras / estar solo / y perder al ping pong.


Y ahora / hablemos de sexo / Hacer el amor contra la tapia del colegio de las hermanas / con la luna ahí nomás / eso me gustaba.


Me gustaría robar la foto de César Vallejo fumando en París que tiene la Biblioteca Nacional / Me gusta fumar / Me gusta París.


Hay veces que pienso en el pasado y no sé si me gusta o no me gusta / ¿A quién no le gusta tomarse un cafecito en la vereda del Sorocabana ? / El Sorocabana es un bar que me gusta mucho / Una vez estaba solo / en la vereda del bar / y empecé a llorar / Pero eso ya lo dije / me gusta llorar / y odio estar solo.




Maldita sea



Todas las noches / al dar las nueve / se sienta solo / a ver la tele.

Unas papitas / unos palitos / bastante whisky / pocos cubitos.
Le da lo mismo / cualquier programa / lo que no quiere / es irse a la cama.
Hace unos días / que lo ha dejado / le sobra cama / por todos lados.

Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea / cuánto dolor.


Qué cosa extraña / los sentimientos / te hacen pedazos / en un momento.

Mucho desorden / sombra de barba / cincuenta puchos / soberbia parva
No está en el baño / ni en la terraza / no está en ningún / lugar de la casa.
Quedan retratos / y algún vestido / pero no hay caso / ella se ha ido.

Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea / cuánto dolor.


Todas las noches / al dar la una / camina un rato / bajo la luna

A esa hora /no hay mucha gente / solo unas locas / fosforescentes
Nadie lo mira / no mira a nadie / cierra los ojos / cruza las calles
Probablemente / si la encontrara / le haría todo / no haría nada.

Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea / cuánto dolor.


Cuando regresa / de madrugada / vuelve a la casa / llevando nada

Igual que cuando / dieron las nueve / se sienta solo / a ver la tele
Dan una muda /con Greta Garbo / la mira un rato / sigue de largo

Le da lo mismo / cualquier programa / lo que no quiere / es irse a la cama.


Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea/ cuánto dolor.




Correte



Bueno / ahí estaba yo / muy drammmmático / explicándole al médico / que cada vez que ponía un acento / o doblaba el codo para tomar un cafecito / sentía que una mano negra / me apretaba / la garganta / Me dieron un par de genioles / me dijeron que estaba muy nervioso / y diez minutos más tarde / realizaba mi primer viaje en ambulancia.


Las ambulancias españolas / están pensadas de tal manera / que si uno gira la cabeza / puede ver la ciudad / a ciento ochenta kilómetros por hora / Cuando pasamos frente al Roxy / me acordé de una película en la que Kirk Douglas / tocaba la trompeta / al final / cuando escuchaba la sirena de la ambulancia / decía / oh shit / esa es la melodía que buscaba.


Cuando era chico me gustaba imaginar / que sería gaucho / dibujante / combói / pero jamás pensé que acabaría / con las rodillas cubiertas por una frazada marrón / Los demás enfermos tenían frazadas azules / pero a mí me había tocado la más fea / Tuve que firmar un formulario / al apoyar la birome en el papel / sentí que la mano negra / me apretaba / oh shit.


Cuando vi mi corazón / en una radiografía / sentí ganas de llorar / era precioso / como el puño de un niño cerrado / o el de un boxeador de peso gallo / un lugar ideal para esconderse / y fumar / Era un buen título para una buena canción : / Flor de corazón / Pero antes de escribirla / tenían que operarme.


Lo peor / era imaginar que debajo de la cama estaba la mano negra / Lo mejor fue cuando mi mujer / se escondió en el placard / esperó a que se apagaran las luces / y después se metió conmigo en la camilla / correte dijo / no cabíamos / al día siguiente me operaban / correte me dijo / cupimos / cabimos.


Probablemente Kirk Douglas viva / todavía.




Eso me mata



De todos los mozos / del Sorocabana / el que mejor hacía los licuados / era el primero de la izquierda / un tipo con uñas de guitarrista / que pelaba las bananas / como si estuviera trasplantando un corazón.


Únicamente observando / muy atentamente / podías advertir que ponía la misma cantidad de hielo picado / y azúcar / que todos los demás / pero que tenía una técnica distinta / para pulsar el arranque: / en lugar de llevar el botón / del 0 al 1 / y del 1 al 2 / lo colocaba de un saque / en un punto que directamente no existía / una especie de 1,781226/ que mantenía con la mandíbula tensa / y el brazo flexionado / como si llevara un revólver en la axila.


Todo esto lo veía / con la punta de los pies / apoyados en el estribo de la barra / asomado a la altura del metal / del mostrador.


Con el mismo hielo / y la misma leche / con que los demás sacaban un vaso / él sacaba un vaso y medio / lo acomodaba sobre una servilleta de papel / y te decía / servido caballero / Eso me mataba.


Hay una etapa en la vida de los hombres / en la que uno no sabe / ni qué hacer/ ni qué decir/ Bueno /en esa etapa / es muy importante / que te digan caballero.


Hay tipos que comprenden todo / aunque su único trabajo / sea licuar bananas / con leche / Hay tipos / en cambio / que nunca comprenden nada.


Muchas veces / al comenzar a escribir una crónica / pienso que puede haber un chico / observándome / con la punta de los pies / apoyados en el estribo del estaño / Siempre y cuando consiga llegar / y mantenerme / en el 1,781226 / no hay ninguna diferencia / entre escribir una buena crónica / y preparar un buen licuado.


Ese momento de la profesión / es el que verdaderamente me mata / caballeros.




La felicidad



La primera vez que fui feliz / tenía siete meses / y una mujer / que no conozco / me pasaba el dedo por el filo de la cara / al mismo tiempo que me hablaba / No entendía lo que decía / pero la escuchaba / No era lo mismo que cuando me arrojaban / como una pelota / Estaba bien sujeto / Estaba bien querido / La felicidad olía a lejía / y a colonia de la Casa Gesell.


La segunda vez fue cuando trajeron a Silver / el caballo de El Llanero Solitario / y lo instalaron a orillas del Suquía /debajo de una carpa / El caballo estaba embalsamado/ pero si cerraba los ojos / mientras le pasaba la mano por el pelo / apenas se notaba / La felicidad costaba un peso / Un peso la entrada.


La tercera fue la vez que vi de espaldas / a mi papá y a mi mamá / sentados / después de almorzar/ en la cocina / El llevaba puesto su famoso anillo de ferrocarrilero / y ella lo tenía de la mano / Las ollas / al fuego / murmuraban / La felicidad era tan fugaz / como las burbujas que subían y bajaban / a lo largo de un sifón / azul / de Egea y Sánchez.


A veces / en la Plaza España/ saco una moneda / la tiro para arriba / y digo si sale cara voy a ser feliz / pero la moneda no cae / borda el aire / rebota / se atasca/ se bifurca / y después corre / a lo largo de Chacabuco / Ustedes saben cómo es esa bajada / La felicidad es un racimo de palabras / y después se acaba.





viernes, 7 de octubre de 2011




                                     JOSÉ PLAYO

 







             Zaguán

Te mando a buscar
el chinchín bucólico de los brindis de madera,
que a mí ya no me tenés
preso entre tus pestañas.

Si querés amor
te doblo los faroles
para que me veas de cerca
este corazón de jirones,
esta doliente alforja rota,
por donde escapan
mariposas de carne,
puñado de alas.

Te mando a tomarle el pulso a los mármoles,
a lamerle las lágrimas sabrosas
a las sandías.
No a mí.

Que debajo de esta cáscara
no quedan engaños,
no hacen nido
las regalías.

Que si querés la verdad,
te mando a que me pagues,

tengo precios
absurdos

de libertad.




Segundas gestaciones


Ya sé, no se puede,
tan difícil es relegar las
tragedias
con nuestra pequeña
ecografía.

Y sin embargo

fémures de tiza, latidos de tambor,
las tapas de los diarios
derrumbándose
en ríos sucios
de tinta.

Ya sé, no se puede, pero
falta poco para octubre
y las alegrías son necesarias, mínimas,

indispensables.

Tenemos que aferrarnos a ellas,
aprender a cazar los autos y
los saludos en las ventanillas,

los amigos,
los amaneceres,

nuestros pasos
a la par de la sombra tijereteando el camino

cuando reflexionamos
sobre tus primeros llantos,
y la voz tuya bautizando
tantos poemas / tontos poemas.

Aniversarios de tragedias,
ecos de sangre, venas expuestas,

la carne toda se nos revienta,
como gritos
de imposibilidad:


te dejamos una historia rota para que
juegues;

quien quiera que seas en noviembre
quiero sostenerte en brazos de éste lado
y mentirte al oído
con versos de juguete,
muñequitos de yeso
y caballitos de
madera,

tus manitos,
como las mías,
empujarán algún día
la misma
tierra.

Hay tanto para ver
que espero vengas con los párpados
dispuestos;

está toda esta pampa
que nos acaricia
las suelas

y hay montañas
y cielos
donde la luna trepa, se reduce y deja de sangrar;

hay lejanía,

nuestros muertos cantan en ella
llenos de tibieza.

Me gusta pensar que aunque todo
se haga ceniza
algún día descubrirás tu herencia

robada y a salvo

en los espejos
a los que hoy les cantamos
para que enmarquen
nuestras
sonrisas.

martes, 20 de septiembre de 2011



                                     PABLO SEGUÍ














Lizarazu sonido rojo




Música de melaninas":
toma la nota el siervo, es capturado
ese razonamiento verboso. ¿Y cómo
quiere anotar la canción, si desentiende
angustias por lo quieto y cae
en toda regresión -recalcado lo del alce,
cansancio de los eternos-? Rotas como de atrás
las melaninas, indaga
tecnosociologías que puede, y no,
descendencia de parapetos, reconcentrado
en esos disminuidos como la no palabra,
o su final y tretas en sociedad:
la casuarina,

desposeída así, de pronto.




No meditada ascesis,
como la luz, que vuelve,
sobre el techo y su sombra acontecía,
amanecer a cada noche,
la rigoreada testuz de padecer
queriendo lo que se desgrana,
lo que el ya abandonado maderamen
denegará, impertérrito.





Orquídea salvaje

No meditada ascesis,
como la luz, que vuelve,
sobre el techo y su sombra acontecía,
amanecer a cada noche,
la rigoreada testuz de padecer
queriendo lo que se desgrana,
lo que el ya abandonado maderamen
denegará, impertérrito.

Ayuno, sí, y miseria
de la carcoma o vida:
no podés, no conseguís recuperar
esa no reprobable fulguración.






Para una reflexión de una lectura


Historia que reparte
la sequedad pueril, no embruja
con pocas ganas, mide
como corral la desidia
y estampa contra la suerte. De isomorfismos
roe el ritmado son, de estacas
que fueron ya y, si quiere pronunciar
"la comadreja", pezón-sutura,
hiere porque en la cóncava
desafección del tino halló
otra mentira que bien se presta
al descerraje.

Historia que comparte
cualquiera pulcra afición o ¡basta!,
toma el minarete y le devuelve
sillones a Rivadavia, ajena
esta dedicatoria al alce.
Medida que, patagónica, pudre
la más fina caricia
y el contoneo barroco, como que donjuanear
recuenta indefinidas urbes
comunicándose al paso, burrito trotón,
del sonsonete, byte foráneo, que es decir
todo lo nuestro, incluso
nuestra probable perfección.



Probable perfección agrícola, mi cavernario
de intraducibles para los periódicos
calafatea su chillido ratil,
que puede ser compensado en partes, tomos
que no relumbran, aleccionados,
y que la ocasión adquiere, cruje la lengua,
a precio de modismo, y los sarcásticos,
adverbio atencional, se imprimen
junto con otros siete
que la competencia atribuye
a los retazos mil de la fruta, pasando
donosos Pergolessi al orbe,
manda acatar, deslumbra
ese fanal nuestro que a todo escupe, y así bajan,
no como toda fiebre, del papo
gotas esmeraditas
como una antojadiza repulsa en fotos,
tomate a 15 pesos, 2007
.



 


La toilette de Venus, William-Adolphe Bouguereau, 
1873, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

lunes, 19 de septiembre de 2011




               SILVIO MATTONI












la cosa perdida



¿En dónde puse esa cosa perdida?
Un pulular de cuerpos en el aire
frío, ¿matinal? ¿Insectos o bacterias
o quizás papelitos picados con mensajes
que nadie puede ni quiere descifrar?
Falsos vestigios de un supuesto cuerpo
que siempre estuvo así; la dispersión
se muestra. ¿Qué cosa? No encuentro más
huellas, no más signos. Una pared
que habrá sido amarilla y se destiñe
surcada por líneas irregulares,
anómalas de tiempo… nada. Pregunto
por la incansable remisión, por el descuido
que me hizo olvidar de algo. Estoy
seguro de haberlo puesto en algún lado
que no es éste. Hace años que la busco,
¿una hoja de papel escrita, un libro
acaso? La escondí demasiado bien.
Esta mañana me pareció tenerla
en una cadena de once sonidos
que la rodeaban, pero no era más
que el recuerdo renovado, siempre
involuntariamente traído, de haberla
perdido alguna vez en una caja
o cajón, guardados en otras piezas
y en otros campos que no sé dónde están.








el primer impulso



Quisiera descuidarme de mí mismo
como la primera vez en que algo raro
me agarró de los pelos y me puse
a escribir, solo, sin ningún motivo.
Cuando reaccioné, había pasado
casi toda la tarde. En la calle
mis amigos se estaban despidiendo,
y me asomé al balcón, pero no quise
gritarles. Hacía poco, me habían
separado del coro del colegio
porque me abandonaba mi registro
de contralto. Empecé a estar absorto
contemplándome. ¿Qué era esa cosa,
ese murmullo incesante, quejumbroso
o felizmente escéptico, fluyendo
en mi cabeza apenas las acciones
se demoraban? La única forma
de parar eso era pinchar el tubo
y hacer correr la tinta hasta que el chorro
disminuía. Pero aquel rapto
en la siesta de un barrio silencioso
no vuelve ahora. El pensamiento impone
su red de frases, aunque aún espero
que la repetición no sea imposible.







deshacerse del cuerpo



El auto ronronea demasiado,
¿en camino hacia dónde? Voy
buscando con mi padre algún lugar
para dejar ese pequeño cuerpo
que traemos envuelto en una bolsa
de basura. Mis quince años de vida
no llegan a cinco de estar pensando
en mi voz, en mi encierrro. ¿Dolía
de verdad? Hablar era imposible y todo
tenía que ser escrito. Atrás el plástico
negro parece vibrar con las sacudidas
del viejo Citroën celeste. Estábamos
casi afuera de la ciudad, en el borde
que todavía no es campo. “Por acá
puede ser”, dice mi padre. Bajo
con la pala en la mano, él levanta
el cadáver canino que nunca, nunca
dejará de volver. El suelo
tiene fisuras que resisten, siguen
inamovibles ante la hoja de hierro
que levanta porciones mínimas de tierra.
¿Qué hacer? Seamos pragmáticos, abandonemos
cualquier idea de eternidad o historia:
lo único que existe nos afecta.
Mi padre avanza en el desierto gris
con una perra muerta que de pronto
rompe el nylon y cae. Puedo ver
sin enfocar, apenas por la esquina
de mi ojo, el hocico fláccido, una oreja
dada vuelta que muestra el interior rosado.
La pala ineficaz se mete al auto
como si nadie la hubiese empuñado.
¿Quién más estaba ese día de un entierro
fingido, inútil? “No les digamos a tu mamá
y a tu hermano que no pudimos…” Claro,
nunca podremos, la tierra es dura, morir
como un perro es una frase. ¿Qué descuido
invade con un yuyo la aridez y persiste
en la época seca? Algo se deja
en el lugar equivocado, ¿habrá otro
mejor alguna vez? Como si nada,
volvemos sin decir nada y me guardo
un vacío con forma de poema,
mientras el ruido del motor simula
en mi cabeza el arrullo que sentía
cuando apoyaba el oído en el lomo
palpitante de ese animal. Y ahora
trota en silencio atravesando pausas
muy prolongadas y parece
que hubiera aprendido a hablar. Me está diciendo:
“Cuidate del descuido, cuidá bien
tus palabras, tus actos, esto que ves
es todo lo que hay.” Ya en la casa,
las lágrimas copiosas de mi madre
hacen su poesía sin birome
y yo subo a mi pieza, a mi cuaderno.






motivos de casamiento



Ahora las cosas parecen dotadas
de una total ausencia de necesidad.
Mis abuelos se casan por descuido,
como suele decirse, embarazados
pero después la nena muere por tomar
leche mal conservada en la miseria
italiana de posguerra. Yo también
embaracé a Cecilia en una noche
cálida, aunque pensamos: mejor
decidirse y salir de aquella noria
con visitas pautadas y horas de soportar
sendas familias en vías de envejecer.
La espera se detuvo, sin causa, cuando
ya todo estaba listo. La casa, el casamiento
y la caja donde guardar un poema de luto.
La suerte se dio vuelta, nada en el mundo
podía separarnos. Lo generamos todo.
Mis padres se casaron por descuido
y yo nací. ¿Ganó la muerte 2 a 1?
Una palabra de más pone todo en peligro.
Escarbo en lo incumplido, en barro antiguo
para encontrar tesoros. Estos días
de primavera, cuando escucho los trinos
agudos de mis hijas que se ríen,
comprueban que no miento. Que el dolor
no reciba ninguna fe absoluta.






purgatorio



Una gota de amargura en el fondo
de la taza de loza que me trae
la imagen de un amigo descuidado.
Hoy quiere verme porque dejó salir
–sin querer, claro, no habrá sido un acto
de voluntad– pero al fin brotó
de su boca que vi pasar en diez
años de juvenil a consular un líquido
verde, como tinta. Mi existencia
le señalaba lo que él no podría nunca
llegar a hacer. Y ahora como un pagano
que escribió buenas frases, se lamenta
en el vestíbulo infernal. ¿Será cierto
que las obras te salvan? La amistad
no está en verse sino en querer siempre
el bien del otro. Lo quisiste demasiado,
pero vení y entremos al desierto gris
donde hablaremos de literatura, sin tocar
el tema que nos separa. Elegimos
guardar silencio buscando el nombre propio
de algún autor brillante que tiñera
el lado norte del cielo, entonces vimos
algo más que palabras, destruidas
junto a todos los restos del ultraje
imaginario, como después de un sueño
sigue en el cuerpo la emoción impresa
que ya no tiene causa ni figura,
era un color muy vivo, recobrado
de otra tarde invisible que volvía.










                

               CARLOS SURGHI
















Ungüento para bambis

Cuando me duermo en las reposeras
y el sol me besa demasiado

 sueño con todos los muertos…

 y acaso eso sea
el principio que resuelve
volver a ser feliz

 en los laureles de Diótima
el arco de Diana
o los dieciocho años
de la señorita Fanny Brawne…

 así una chica
que tiene tu rostro
y también tu nombre
-pero no sos vos-
me habla al oído,
me despierta al otro extremo
de la siesta de febrero



deja a mi lado
un aparato mágico
con su combustible
para válvulas y bujías
que al usarlo sin querer
aprieta mis sienes
obligándome a decir






¿cómo habré llegado
al ritmo de otra forma
sonámbula o innecesaria
en la cual poder hablarte,
siguiendo qué o a quiénes
arrodillado ante toda
la nueva música de ese idioma?  



y al encenderlo cruzo,



como las loritas fluorescentes de los árboles
la armadura de las langostas en las hojas
el aguijón juguetón de las abejas,



los pasos
las sombras
el agua siempre quieta
que separa



la planta alta
el azul de las piletas…



y fumo
adentro de una pequeña vasija
donde el liquido explota sus mil chispas



ruidos por aquí
ruidos por allá



en la escalera de metal
que baja a las cocheras
y mira hacia el oeste…




¿no es extraño vivir tan cerca
para hablarnos con los hilos de un fantasma? 



y es la inmovilidad
o la concentración mecánica
que dicta presurosa
el tono de esta fábula  



donde Menón, con flores y acertijos para enamorarnos
también quería escribirlo…



esa voz que me llamaba
lo que no le hacía lugar
a la sombra de todas tus palabras,
o la canción dormida
que inventé para las noches



cuando algo de lo que más querés
en la superficie del plasma
tintinea sus
gotitas de sorpresa…



mientras



los peluqueros
los albañiles
los enamorados
que habían arreglado mi cabello
para la consagración del día
también fumaban,
despacio y con estilo
por la tarde
al encontrar
el color verde que marea
cuando yo pensaba en atrapar
eso que supongo entenderías…


¿por qué llevabas unas guirnaldas
para adornar un sueño
y mantenerlo vivo
siquiera por
creer en todo lo dicho entre el silencio?



¿qué vas a hacer con ésto
cómo es posible que te guste
sin llegar a entenderlo,
y si el engaño
se pareciese al nombre
y si el ensueño
se deshilara en dudas?



vivir pendiente del enojo
que puede rifar la verdad
desgasta el mecanismo del corazón
imanta el consuelo que trae
engañarlos por amor…



sentada junto a la ventana
enamorada de vivir
besando con tus pies
la frescura de los pisos de parqué



con tu ropita a la moda
ola vanidosa del verano



creí que aún
podías quedarte…



¡Oh sí qué simpática
dulce y graciosa,
acaso la impunidad que da
querer morir a los dieciocho!



y tener algo
que yo jamás
voy a volver a tener
pero que vos,
ponto lo vas a perder…



¿podría llamarse tesoro
metáforas del vacío  
escalofríos de la sensación
incandescencia nocturna



o simplemente



ungüento para bambis



en lo frágil que adormece
las locuras abrigadas del corazón?



para mi son los dientes apretados
que no usamos
tan sólo al escribir



y es que…



hay una musiquita
en la punta de la lengua
resonando en tus orejas



con la cual llamás



pronto y con más deseo

al genio diminuto
que agita entre los dos
todo este cansancio…



yo que la busco
la envidio
sólo porque me pregunto



¿con cuánto apremio
mereciendo su artificio
o su carburante ecológico
me haría dueño de ella?



¡Oh sí, tan sólo se trata de una celebración
una coreografía de máscaras para la lluvia
en la cual lo único que cuenta  
son los días y más días consagrados al deporte!



o las cositas escritas
para darle un nombre al próximo dolor
entre horas muertas que nos dicen



“El amor puede hablar
de otro amor
si es preciso…”



como ahora que estás sola
con las guirnaldas quemadas a tus pies
soñando el otro lado
en la intimida que anima
el pulso de las cosas…



y así a veinte minutos de distancia
ya tan pronto
hay que darse vuelta,

reiterar la aplicación
es el sinónimo
que acariciar la piel cansada,



las dermatólogas recomiendan
para parte posterior



también esta serie de cuidados



caros lubricantes del amor…



¿pero de qué sirve lo escrito
si sólo es eso que gané
al tiempo que esperamos
por algo que nos queme
como una insolación?



la concentración que merecemos
para aguardar por el deseo
entre esto y aquello que pensamos
es el peso específico de ese aceite,



como dicen en sus confidencias de oficina
las empleadas públicas infieles: 



protege y a la vez broncea



del eco o reflejo



simpática ventolina
radiación enamorada…

y vas a ver que sí, ahí
como un inyector que todo lo impulsa
la poesía
ese fantasma entre las hojas
que lo hecha a perder o lo justifica,
es más que algo
resuelto y magnífico
por la magia de la tecnología



dura la revelación
que tardan los muertos
en dictar su brisa a los oídos
por los movimientos
de su última canción…



¿es acaso la dulce humillación
que trae por la tarde
la fauna ensoñada
de un último verano


o para decirlo de otro modo

 por qué escribiremos los dos
en la libertad de estos papeles
sobre los oficios veraniegos
sin mostrarnos o decirnos
esas cosas borroneadas?

 los años mal vividos
la tonta equivocación de Eros
se redimen en los libros,

 cuando los leas y lo aprendas
a mi máquina le quedará
el recelo de los otros…

 ¿y quién
podría explicar
lo que vuelve
del primer estado de enamoramiento
como si las estrellas químicas hablasen de ello
sin recuerdo
o cualquier exageración perdonada
y nada
otorgase tiempo a conceder
ventajas y reproches
tan sólo por lo dicho?

 ¡Oh sí, nada más hermoso
que el ungüento para bambis
con el cual poder mover
todos los vapores de deseo
que animan este sueño!


viernes, 16 de septiembre de 2011




                     
           MARCELO DUGHETTI





















Icaro


                   I

Sobre esta tumba verde
con el mármol por el oxido enrarecido
las manos del ángel.


                 II

Hay en la vieja casa
un albañil recién derribado.
esta todo silencio,
en los patios que dan al sur
un aeroplano de cemento
caído de los celestes andamios
un niño que cuidaba de caballos ajenos
un muchacho de cuchillo en la faja y cuartetos gringos
un hombre con cal en los ojos y ampollas vivas en las manos.
esta todo silencio sobre los mosaicos partidos.
el sol le abrasa la frente
se repite danzando en los cristales de la arena
y en sus ojos quemados teje la muerte
recuerdos enhebrados con un hilo de plata.



                    III

Yo no puedo levantar la puerta
la vida es una asombro que sucede lejos
entre las ramas del pinar donde se acaba el día.


                   IV

El movimiento del miedo
con sus fauces exactas
la mano que entre las sabanas caídas aun duerme
la respiración del hombre en su jaula.



                 V

Recibe
maría
tus despojos
la nave esta completa
pasas y ciruelas
para el temible barquero
dos monedas
en los ojos.



                    VI

Muerdo
manzanas
que dejo muertas sobre la mesa
muerdo
y ordeño a la pajarita de papel
las manzanas se oxidan en el tiempo que acaba
la pajarita lanza esos gritos de loca perdida



                    VII

Mi casa esta rodeada
Mi casa duerme abierta sitiada por los perros
Afilo un cuchillo de sombra
Espero. SEUD: Eneas