domingo, 26 de septiembre de 2010

          GLAUCE BALDOVÍN


           El libro de Lucía

                        I

Lucía.
Con mi nombre hay una flor azul que llora
y su lágrima
larga y pesada
me cae en la manos.

Lucía.
Con mi nombre hay una canción napolitana
hay santas heroínas aldeas:
pero Lucía Bertello sólo soy yo.
Con el pañuelo negro siempre a la cabeza
con todo lo callado
con todo lo sufrido
con el hijo muerto con el marido muerto
con el pan escaso.
Amarga, amarga.


                                     IX

Cuando amaso me siento diferente. Olvidada de rencores.
Hago una rueda con la harina y en el centro pongo agua y sal.
Hundo la masa pegajosa, la estiro con el palo blanco
le doy la forma
y me creo Dios.

El olor a pan sale del horno
inunda el campo, la casa, el ropero, mi corpiño.
Todo es pan ese día.
y cuando saco agua del pozo
un rostro joven me sonríe desde el fondo.


                                  XV

Ahí nomás están, al acecho. Se ha vuelto gris el horizonte.
Es la sequía. Son los cardos.
Abro la ventana una mañana de invierno y los veo.
Cuántos kilómetros anduvieron anoche para llegar aquí tan temprano?

Callan. Siempre están callados.
Los cardos son silenciosos.
No tienen corolas para abrir con levísimo rumor
ni hojas que pueda hacer crujir el viento.
Seremos buenos amigos.

Desde el tren que pasa echando chispas alguien dirá:
rancho miserable, gente abandonada.
Ellos pasan,
nosotros nos quedamos
sufrimos la sequía el desalojo la miseria
y aún tenemos esta sangre que florece en espinosas flores moradas.




                     El asco


                                      II

Muerto el hermano
la mitad del hijo crucificada
la otra mitad tierra ardida dragón encantado
mar sin riberas barco sin velamen
deberé soplar las fuerzas por tanta ceniza acumulada
como si fueran carbones a encender
adormiladas brasas.

Al cruzar este territorio de imágenes imágenes imágenes
de palabras palabras más palabras
mis entrañas aún vivas se anudan en prolongada náusea:
es la necesidad del vómito
el asco.


                                          XX

Qué es el asco sino esta araña apocalíptica envolviéndonos en su
                                                                                   tela tenebrosa
convirtiéndonos en los insectos que ciegamente devora?

Quiero cortar el tejido que me asfixia me ahorca
zafo
al instante un hilo como gruesa soga me rodea los brazos
la cintura.
toda la magnitud del cerebro toda la luz para luchar contra la tela oscura
el pulpo
la hidra de noventaisiete cabezas invadiéndolo todo con su babasa inmunda
que renace y renace cada vez más grotesca más vigorosa.
y la impotencia para degollarla
para hundirle el puñal en la garganta y ver rodar sus cabezas
pisotear sus malditos ojos centellantes.

Dónde el aire puro dónde la dulce lluvia
mi estrella entre todas las estrellas?
Dónde las bestias la pradera, el hombre
el sol radiante de enero?
Dónde enero abril octubre?

El tiempo se ha detenido
la naturaleza se desgrana con horror
nos abandona en la palabra nunca.
Sólo resta la voluntad de vivir
de comenzar otra vez.
Resucitar el brío perdido
el heroísmo
la porfía
la bienaventurada locura.



Soy Seclaud


la de dos cabezas y cinco corazones
la que reparte el pan de la alegría
y se somete a los presagios y las maldiciones.
Nada podrá contra mí gallina
de plumas encrespadas
que llora como mujer parturienta
ni los perros que aúllan a la luna.
Él vendrá con la vara de nardos cuajada de abalorios
a inaugurar nuevas conmemoraciones
porque he tallado azules sus ojos en el granito
y he amasado con hierbas olorosas su corazón.
Nadie podrá dañarme.
Resbalarán en mí los conjuros como en el cuerpo de
Las serpientes acuáticas.
Yo, Seclaud, desde la ribera de las cenizas
Y los ungüentos aceitosos
De las cacerolas y los espejos
Veo partir las naves hacia nuevas conquistas.
¡Adelante, viajeros que llevan en los mascarones de proa el mensaje último de los filósofos
la sabiduría de los científicos
los poemas que nos perpetúan!

Yo quedaré cuidando la tierra
los ángeles de manos callosas
las mermeladas.

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