jueves, 28 de octubre de 2010


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       MARCELO MASOLA




Desde la única palabra

Desde la única palabra que me une
a la transparente y pura,
por el lejano camino del canto
me llega este pulso sazonado
y florecido corazón creciendo.

Desde aquel sitio permanente
elegido por la raíz de mi presencia
y celebrado por la voz de mi recuerdo,
desde aquella distancia de mi cuarto
me llega esta demorada figura de marea
y polvorienta estampa.

Desde allí me llega
esa muerte decretada
por una edad desconocida en el pecho:
lo poco, vertiginosa madera ardiendo;
lo mucho, confuso designio derramado.

¡Cuánta flor perdida a la mirada
y pájaro ciego atropellando ramas!
Llegaba mi voz hasta la espina
y como ella se quebraba.
Entonces
era mi sangre errante,
era mi corona oscura,
era mi profecía antigua.
Y, solitario, llegué a mi
cuerpo caído de rodillas.

De todo aquello sólo queda ahora
un triste viento último
en mi estatura de tiempo desvelado,
en mi vivo círculo de asombro.

Una edad de campana a la redonda
y otra de altos signos encendidos
me trajeron una nueva vestidura
y un prestigio de hombre que retorna.

Para invocar el alba con el canto,
para decir la palabra que me ata,
he reunido el mundo a mi destino,
he resuelto vivir en la esperanza.




Únicamente porque el amor es creación

Siempre me dije:
Ahora y aquí.
No mañana.
No nunca.

Muérdame tu amor,
tus dientes sin paz,
labios del bien o del mal,
cólera o ternura,
besémonos y recémonos.
¡Ahora y siempre
echémonos del paraíso!




Este mundo natural

La destrucción del aire equivale
a la implantación del reino divino.
Novalis

Este mundo natural de dioses sonámbulos,
estos signos supuestos y estas contradicciones,
estos pasos del destino acechando
en torno a nuestro corazón enterrado.
Esta salud de tímpanos del lecho,
esta puerta cerrada y aquel hombre,
este cerrojo y aquel otro.
Este y aquel silencio buscándonos
de pie entre los muertos y los vivos,
ya sin esperanza, llamándonos,
la última bestia perdida entre los nombres.

—Aquí. Más cerca. Venid.
¡Qué tropel de estrellas
se le escapan a Dios de los mapas!
—Venid. Aquí. Más cerca.
¡Qué de héroes se sumergen en lo humano
e historias nacen en las máscaras del alba!
—Aquí. Más cerca. Venid.

Estos ojos cerrados,
éstos que van para el alma y cuerpo adentro,
ésos que van al fuego y arden nuevamente.
—¡Venid! ¡Vamos! ¡Allá!
Esta avidez de ciego en la mirada
siempre igual como el día y el día.
—¡Vamos! ¡Allá! ¡Más allá!
Y el abismo al abismo llama.

En esa multitud a lo largo,
yo estoy solo, como cada uno de vosotros,
en ese tiempo antes y después de Cristo.

Esta fe traspasada de burlas,
este saber en sombras,
esta y aquella voz de los astros,
esta unidad invisible del aire y del ala.
Esa alta armonía de palomas
entre los brazas jóvenes del mundo
y este amor terrenal que nos otorga la sangre
destruirá el aire.




Estación

Volviendo de siempre
camino hacia nunca
en el confín de la flor
bajo la madura lluvia
y el deleite del aire
llega, al fin, el otoño
con su frenesí de frondas
aliviadas de estíos
y crece y asciende
su asedio invasor
su tenso impulso
su alucinante don
mientras sostienen y exaltan
ansiosamente
mi terrena y susurrante
disolución.





Kosmos

Y lentamente empiezo
a entenderme con el mundo.

En el reencuentro
con la impetuosa luz del día
y la seductora sombra de la noche
vuelvo a escuchar el diálogo
entre el pasado y el presente
y siento también
la fuerza y la forma
en la rítmica pulsación de las horas
y en la apacible armonía del paisaje.

Entretanto
en el claro original de la existencia
una asamblea de rumores
celebra el más alto sueño
y mientras la gloria
sustenta la perfección de los dioses
la conmovedora peregrinación del espíritu
transita su invisible órbita
retornando
de la libre expiración del espacio
al seno de la revelación infinita.

Yo una vez más
llego a mi caos necesario
apasionadamente abierto.




Intimación

¿POR QUÉ has llegado tarde
oh tú que siempre
me vences y sometes?.

Al cabo de un hartazgo
entre tantos hechos
ascendió
el desasimiento.

Centro de tu olvido.
Ausente de tu hábito
conjúrote al desvelo
madre ciudad
fúndate y arráigame
sujétame a tu suelo
uno mas junto a todos
calle hermana
espérate y acompáñame
esquina amiga
aguárdame y asísteme
ahora y siempre
protégeme y guíame
en tus interminables días
en tus irrevocables noches.





Revelación

Postrado yo
en esta postrimería de linajes
en este anochecer caído
viéndome venir
deshecho a decisiones
ahogado
en esta sumisión a lo invisible.

Donde
todavía algunos
van a sus desposorios
inmaculados
mientras otros
vuelven a sus despojos
contaminados.

Alzado yo
en este alborear de prójimos
en esta iniciación mayor
viéndome llegar
poseedor de todo límite
rescatado
en esta rebelión de lo visible.




Invitación

Vengo de lo cotidiano
ebrio de contradicciones
y perdido en el ocaso de la dignidad
aún escucho
un aleteo de orgullosas plumas.

Vamos
semblante del castigo
intento del tedio
persuasión de la piedad
vamos una vez más
a florecer entre los vivos
donde el fecundo suceso
estalla en cada cuerpo.





Arcano

Empezaba
a curvarse mi edad
hacia otro encuentro
o tal vez
esta hora apuraba
su elegíaco desvío.

Esperaba
al imperecedero
distante eco
llamándome
desde lejos o de cerca
buscándome
en la remota proximidad
del ensueño
o quizás
alcanzándome
en esos pocos días
cercados
entre tantos años.

Terminaba
por ceder al desengaño
y a ese presentimiento
que diversamente
aprisionan o liberan
mi codiciada ausencia.





Estación

Volviendo de siempre
camino hacia nunca
en el confín de la flor
bajo una madura lluvia
y el delei te del aire
llega, al fin, el otoño
con el frenesí de frondas
aliviadas de estíos
y crece y asciende
su asedio invasor
su tenso impulso
su alucinante don
mientras sostienen y exaltan
ansiosamente
mi terrena y susurrante
disolución.




Regreso

Hasta en el mismo
revés de la muerte nacemos
cuando miramos hacia atrás
donde ya está fijada
la inicial identidad
de nuestro arrostrar
un pasado futuro.

Acaso sólo estoy en mí
para redimir
una extinguida devoción
y quizá halagarme
en la fatal delicia del cuerpo
donde me extravío

O tal vez buscarme
en la suntuosa llama
donde me consumo.

Un natural desafío
alcanza para existir
en la suave salud del aire
en el primer color del alba
en la simple calma del umbral
o en la fervorosa obra
donde esperamos.




Recomienzo

Volviendo
de agotar toda adversidad
providencialmente humano
enemigo consecuente
y dispuesto amante
elegido fortuito
del absurdo
en esta ciudad
de barro edénico
aún persigo
entre parajes de furia
fábulas seculares
y crudas realidades
la evasiva razón
de lo vital
hasta la frontera misma
de ese destierro
que más allá
extiende y aleja
tantas costas y mares
e indestructibles islas.




Díptico de la infancia y la vejez

1.
He vuelto a ver
en el fondo de la vieja casa
la huella del pequeño pié.

El otro
-en su salto-
huyó por los techos.

2.
He aceptado al fin
este descanso.

Ahora
mi tiempo es una luz
y a veces
me echo
a su sombra.







Abstracto con figura

A partir
del rompiente toro mítico
y del ríspido equino personal
constelados en la norma diurna
hasta el seco sepulcro solar
y la quebrantable luz pendiente
sobre el mensurado descenso.


Más acá del soma y su resto
la genuflexión del sexo
la arista del alarido
y el mutismo del héroe
ambiguamente sacrificados.


Maestro y criatura
desde el polvo a la especie
desnuda analogía del hecho
y múltiple travesía mural.


Gran tiempo antagónico
no antes del pasado
ni después del futuro
el aire abierto al valor
y su dibujo terrestre
alzado por la marea estelar.


Silenciosamente somos
esa secreta superficie.



Lo efímero creciendo como ícono

(Fragmento)

I


Tan áspero de amor como la tierra
lo divino
lo fugaz
el demonio azul del juego brillando de salud
cavando sembrando de mitos los escombros


Todo corre
aún
donde lo eterno crece
y bogando
asume su espectro de costumbre


El tiempo medirá la especie
en la ruina propicia
alba del alba
en los ríos de Babilonia
atropella la bruma universal
la epopeya que abomina
abrasa
abisma las altas murallas
mientras el corazón ronda el esqueleto
la cal de los vivos
y acoge azucenas a manos llenas
el mineral
solemne
pulcro
frío que se volvió amarillo de
tenerle


La noche en su cuerpo es testimonio
prueba desgraciada
hijo
y alimento
Desnudas las mismas bestias del espíritu


Llamad
llamad
uniendo el ave a su vuelo
emergen estandartes de los pozos


hoy ayer siempre
vuelve a las uñas el ruido peculiar


los días afinan su albedrío


como espejos


la onda y su espuma
repiten el mar persistente
De pie


alzando en oro la soledad
extendida
de término a término
en el nombre del que a sí mismo se creó


la ardua consagración
ahora
surge en sí misma
suspende su tedio
adelanta su presagio


distingue
el presente
la sustancia capaz
el aliento que asciende
la impasible altura que guarda


neutral y feliz
su saber preciso
el hueco alucinante
los pasos del antiguo cayado
la tormenta borrando los rastros de las conquistas
los climas en su origen
la mezclada saliva humedeciendo
casi enhiesta
sin límite
al amor
desde la eternidad con vocación de creador
los múltiples dilemas
las partes
el todo
los seres que van y vienen entre las hondas llamas

inquietante el disturbio
la sorda lucha en el espacio
el infinito concretado en volúmenes
luces haces de tinieblas


luces luces



Obra: Lavanderas y pescadores en un paisaje costero, de

Andrés Cortés y Aguilar. 1863. 

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