martes, 2 de noviembre de 2010


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        LUCAS TEJERINA




Cuarteto bolche

Paso las tardes tirando
los boomerang del sustento
en un baldío cercano a la cama donde duermo.
Ahora duermo, duermo y duermo,
practico el futuro, desbarranco proyectos,
me acostumbro a la muerte.

Estoy enamorado de todo lo que se mantiene
a perfecta distancia
haciendo equilibrio entre el Bien y el Mal.
De todo lo intocable.
Para volverme un intocado.
Estoy enamorado de todo lo que me vuelve,
me ronda, me convierte en un tipo peligroso.

Enamorado de la página 98 del libro
" Escritos de un Salvaje " de Paul Gauguin.

Escuchando a Chébere, en el R-18,
asumiendo lo extraordinario, el sacrifico, la maravilla,
sabiendo que sólo ante lo extraordinario, el sacrifico, la maravilla,
tendré paz, daré amor, seré pleno,
atravesando barrios hasta llegar a la Colón,
manejo llorando un R – 18,
- voy a devolverle el auto a mi hermano -.

Voy cantando el tema “ Velocidad ”,
le invento letra, le agrego data:
“ cuando llovizna de noche
y cuando añoro sus ojos tan tiernos
su frágil pecho pegado a mi cuerpo
acelerando el 18 en silencio
voy por las calles y recuerdo…*

Los estoy esperando,
pausado pero no remoto,
tranquilo pero no evacuado,
con un mañana repleto de tajos,
solo, enamorado,
volando arcaico sobre mis propios huesos,
mal iluminado, algo enfebrecido,
elevado a la décima potencia de mis ancestros,
evaluando el tamaño de la cobardía
de mis contemporáneos,
asumiendo una estatura,
una extensión,
un diámetro de huella,
una intensidad en el grito,

- orgulloso del amor que te prodigo
que no forzaste ni me impuse -,

esperando, no el milagro,
sino la ratificación del camino tomado
más allá de la duda de si fue el elegido,
enmierdado,
sí, de barro y yuyo y odio mineral,
proto - criminal, cuasi - analfabeto, algo suicida,
advertido y advirtiente,
la corriente de sangre creadora
de luz y de mar,
la cometa de semen dadora
de amor y de espanto,

- soy lo que aún no soy,
pero lo soy porque me sé capaz de serlo -,

el inter-oceánico parado en la esquina de los talones
de la que se fue, volvió y volvió a irse sin volver
y ahora: ¿ volverá ? ¿ será millones ?,
¿ tendré paz, daré amor, seré pleno ?,
el cordón perpetuo que atraviesa y enhebra
a la niña en mujer, en fin:
flaca,
lo que necesites,
en el lenguaje que sea,
a la hora que sea.

Los estoy esperando… y no llegan,
carajo !,
a estas alturas del año salir a buscarlos…
Dichoso porque los aventajo
en mi falta de propósito,
de título, reinado,
maquinaria y esperanza.

Dichoso porque tengo delante de mí
el perfecto reflejo de las cosas que dejo:
una mujer devenida en sombras
con la que no pudimos dejar de querernos,
la hija de mi hermano que me tiende sus brazos,
y un par de escritos que esperan
un final de rencor o de felicidad.

Dichoso porque nada dejo.

Ya soy genial.
Ya vienen a mí, por mí, alegres demonios.
Hasta la próxima alegría, entonces.

Já !.

La dicha sea conmigo.




Oficio

Ejerzo mi oficio de hombre
sin ganas,
sin apariencia alguna,
sin actitud humana.

Me desmonto de mi boca
y sumerjo mi cuerpo en la balanza,
el tiempo en que tarda en crecerme la uña
pesa más que la conciencia de su raza.

No aprendo el oficio de hombre
soy ignorante de la ignorancia.

Pero hoy es un estado de asma,
de soplo húmedo, de viudas campanas,
de un charco en duelo
por la matanza de varias ranas.

Me aprieta del ser humano
una existencia que no me abarca.

Olores de otras almas
mi carne emana.

Por eso
ejerzo el oficio de hombre
bajo el salario de la desgana.




El auto en el que me conduzco huele mejor
que quien lo conduce

                                                         “Terriblemente solo,
                                                           terriblemente libre”
                                                                           Facundo Cabral


Escucharon al hombre y a la mujer,
los escucharon gritar cuando se mantuvieron
al sexo de la relación,
discutieron el grito por dinero,
y se amaron amantes por la cabeza.

Marosa Di Giorgio,
aunque la prefiero Giorgio Di Marosa,
por acción directa poeta
pero por casualidad pintora, ha dicho:
“ la poesía es llevar al colmo todo lo que existe ”.

Ante tal belleza callé un par de meses,
di comer a pájaros ajenos,
perfeccioné mi chistido a los perros,
vulgaricé la mirada y cercené los bostezos:
- estoy volviendo a brillar, otra vez -.

Y digo:
“ que la poesía te sirva,
llegado el momento de morir, para morir,
sin que eso te prive de la vida;
porque la muerte no será sin violencia,
porque la vida no es sin violencia,
saquen ustedes sus propias conclusiones:
vivir se ha vuelto el costado
más violento de la vida ”.

- Pudo y podrá -, pero no puede.
Ni pasaje ni pasillo, a lo sumo zaguán,
húmedo y oscuro.

No quiero escribir como Zelarayán, Ricardo,
ídolo de los jóvenes poetas bonaerenses;
no quiero escribir como los estereotipos
de la literatura cordobesa;
no quiero escribir como escribo,
( tibio, señora, está su corazón,
como un óvulo,
como una mejilla apoyada al vidrio
empañado por la acción del fuego
que cuece el óvulo, lo entibia ),
tibio, señora, está su corazón
y su bigote feminoide se parece
a la cadera de Federico García Lorca,
( para él cuecen el óvulo ),
cabecera del Estado de los poetas
que debieron morir por causas diferentes,
tibio, señora, está su corazón.

Conozco al que se dijo revolucionario
hasta el día en que tuvo que levantar la voz,
y conozco al que lo tildaron de burgués
hasta el día que quisieron que pidiera perdón,
tranquilos, muchachos,
( nótese, no los llamo compañeros ),
no tarda mucho la hora, el horario,
manecilla de cuero o metal,
muchachos, ya, tranquilos,
no se tarda mucho en rendir cuentas,
no de nuestros actos, sí de las palabras,
porque los actos pertenecen a la comarca del olvido,
y el olvido pertenece, va y viene, se demora,
vuelve llenos los bolsillos del país donde el humano,
lo humano, lo humanístico, perdona y rehace
errores y trampas,
pero no las palabras, muchachos,
( nótese, no los llamo compañeros ),
porque deberían haberlo sabido,
- yo tampoco lo supe -,
que la acción nerviosa, mecánica y central,
de abrir la boca, mover la lengua,
producir caverna adentro
sonido, ( ... ), entendimiento,
le cuesta, al universo, su combustible básico.
Con eso no se juega, muchachos,
y aunque canse o parezca señal de mal agüero,
nótese que ni en chiste, con rima o sin rima,
los llamo compañeros.


Rosas trajo, de su país, la mujer que mejor
se acomoda en mi sombrero;
hay que ver su arquitectura cordobesa,
desplegar la alegría en la que vive,
hay que ver su cordobesa construcción
de paneles, camarelos y claveles;
- cuando sea grande quiero existir como ella -.

Es el suyo territorio liberado, sin saberlo.
No hubo balas, sangre ni combate,
ni carta
ni promesa retirada ante los hechos.

Me pregunta: ¿ soy ignorante ?,
cómo explicarte que el número de abortos
sube al ritmo del orgasmo,
feroz,
inacabado,
de la primera calentura;
de la poca importancia
que me dan los allegados a las letras,
y las risas que esto me produce,
y lo bien que me siento
de saberme excluido del circuito de los versos.

Cándida Chávez cumple 100 años.

De la droga repartida como peces, como panes,
y el taladro que ahueca al drogadicto básico,
su básica condición de ser un aparato,

- demasiada marihuana para tan poco festejo -

por una mínima cuota de su fiesta
les quemo la ciudad y la levanto de nuevo,
¿ a ellos los incluyo en el agua, la fogata,
o en el bello cimiento que por fuerza nos levanta ?

Candela Andrada cumple 25.

Este es el momento del poema
en que Antanas Mockus se baja los pantalones
ante la multitud universitaria.

Ya sabemos que es causal de divorcio
dormir a contramano de los pies y los pechos,
que la fatiga de materiales
también afecta lo humano,
que la píldora tarda en desinflarse
lo que el nevado en derretirse
sobre la carne del mundo
en que se hunde la cama.

Nosotros nos hundamos en procesión callada.

Las palabras, Sartre,
están a mitad de camino
de la degradación y el asombro.
Hasta aquí la noticia por darte,
no tengo más pan, ni cerveza
ni erario con que pagarte,
¡ bájate de mi hombro !

Ya no tendrás asiento
en la mesa ni en las faldas del pez rollo.

Hey, hombre,
no hay título universitario
que pueda salvarte de tener que vivir.

Estoy volviendo a brillar, otra vez.




El jíbaro feliz

A esto reduje mi vida:
viernes baile en el Sargento
sábados y domingos venta de boomerang
escribir poco
leer nada
no esperar al amigo
no esperar el amor
dejar que mis demonios
hagan a su antojo
en mí
su orgía y su furia
dejar que mis ancianos
hagan a su antojo
en mí
su niñez y su asombro
no esperar la agonía
no esperar el milagro
soñar con hacerle el amor a la flaca
anular toda posible / remota voluntad
darle entidad a la fiaca
y la risa
siempre la risa
la risa
la risa y su rictus de muerte
en mis ojos nuevos
una pizca de muerte
entre tanta vida
siempre
siempre

la vida

la risa

la muerte




Del hijo

Le acabé adentro.

Por bronca
por impotencia
por resentimiento,
dentro
bien adentro,
por amor
por lo que nos hicimos
y lo que nos debemos,
porque no pudimos
dejar de querernos.

Porque estoy vencido.

Por nuestro pasado.

Porque soy un filo
que está sin cuchillo,
porque soy el nudo,
la estaca y el grito.

Le acabé adentro,
porque quiero un hijo,
porque la quiero
y porque no la quiero
y porque estoy cansado
y me siento viejo.

Por eso, y por cosas
que olvidar prefiero,
le acabé adentro.

Porque cuando pienso
en mi viejo lloro,
porque cuando pienso
en mi vieja lloro,
porque extrañaba
mi carne en su carne,
y porque estoy solo
y por las mil noches
que antes de acabar
suplicaba
que le acabara dentro.

Por hijo de puta.
Porque cuando pude,
pudo y quería
llenarse de mí,
elevar su vientre
a la categoría
de los nueve meses,
me negaba siempre.

Porque al proponer
las demoliciones,
nunca me pensé
solo y demolido.

Porque no la olvido,
porque hubiera sido
diamante perfecto
muy bien escondido
dentro de la piedra
su hijo y mi hijo,
porque estoy buscando
demorar mi muerte,
porque las palabras
ya no me contienen,
porque quiero verme
en ese que viene,
porque ya no quiero
soñarme
de niño y anciano
que se encuentran siempre
y nunca – nada - dicen,
porque cuando hablamos
de llegar a viejos
ella estaba sola
y yo estaba muerto.

Porque hubiera sido
algo hermoso y bueno
que una parte suya
me acompañe siempre.

Bien adentro y mucho,
como una sucesión
de puñales secos.

Porque estoy enfermo
del mundo y su fuego
que me cuece lento
el amor y el odio,
y este pensamiento
que lame mi semen,
mi calva y mis huesos:
¿ cómo hubiera sido su hijo y mi hijo ?

¿ cómo hubiera sido ?

lunes, 1 de noviembre de 2010





   ARMANDO ZARATE




De sal caerá la noche

Será de lirios
la noche sobre el camino

cruzará en el sueño
espléndido el verano

besarán los labios dulces
de la carne imposible

en el mediocielo
invadido por la espera

en la estación blanca
que tiene la música

cantará el silencio
el fondo de esta ausencia

brillarán las banderas
entre sus llamas

no será voraz la vida
cambiará el destino.




Mar

En mi corazón hay dos soles que han salido de la
celebración de la fortuna

ejecutaron la música alta de la noche
pero el ruido del mar los ha partido

el mar inmenso como después de los imperios

quién sabe por qué yo no he logrado abatirte e inmolarte
antes de huir del vaso que bebí bañado en las lejanías

quién sabe por qué

pero cuando yo parta
llama a las gaviotas y creerás en ellas para siempre

las hijas del cielo cegarán las nubes y los días continuos
y yo me postraré ante los dos soles que sintieron las distancias
y abrieron sus sangrientas horas en el mar.




Los brazos de la hija

La he visto retraída poniendo en el vaso el vino que
fuimos bebiendo al acercarse la noche

la he visto con el vestido de fiesta mirar hacia una
distancia insituable, enteramente blanca

la he visto sobrecogida del verano que apresura los astros
a una hora en que cada partícula proviene de edades
bárbaras

la he visto en el retiro de la playa endurecer sus caderas
que comienzan a ponerse rojas y a brindar a la altura
de mi voz

la he visto sonreír dichosamente desgranar su collar movida
por los signos que me puedan sorprender.




La piedra preciosa en el polvo

Cada vez que perdías la extensión de la vida
al tomarte de la tierra y volverte a sus cierres rapantes
con el asombro de la luz que saborea las corolas con un grito de delirio
mientras el sopor cae con entusiasmo de tu cabeza
con tanta desnudez te vestías para sorprender el vacío
como el mar confinado que huye a sus ríos de evidencia
y en cada mirada de tu libación silenciosa
menguada por vencer de sorpresa tus manos ociosas
y al volver a la ligera movilidad de lo indesatable
más bella que una lágrima a punto de dejar un solo sentimiento de existencia
cediendo al día de un valle que te arrastra muy lejos
con lentitud entornada te retiras
única y de pie después de tus ilusiones extremas
dejando que las cosas vuelvan a su lugar de descenso.




Avatar

Oh dicen que era mi ciudad donde nació el cariño

los pájaros se detenían en las crucecitas negras
y los rieles del tren marchaban por un zaguán de ídolos

oh dicen que era mi ciudad

mi ciudad cuyas flores eran como las camisas blancas
y el agua era macha y los ríos se quedaban allí tendidos

mas fue quemada
como un tronco de mi país

cuántas mariposas han bajado ya por los meses de mis
años
y cómo mis flores parecen llegar al fin de su carrera

recuerdo los amigos que se fueron
y los que hoy ya no regresan

oh dicen que era aquella mi ciudad

palabra
palabra




Ella

Cuando la marea aprovecha el alto cielo de una playa secreta
y escucho golpear en el seno de la tierra a las olas amadas
y una vez que :han partido quedando en silencio las mujeres primitivas


cuando ellas se encuentran reunidas para ser más suaves
bajo la sombra que llora sus dulces caderas
y en un momento lejanas o salvajes
se hunden en el lago llevadas por algún motivo siniestro
de mis intactos pensamientos cargados de la tristeza de la brisa espesa
también mi madre regresa


y se sienta allí
en el fondo de la caverna que da al lago
y viene a instruirme y a comunicar con ella todo mi pecho
y no nos separamos
y ella viene a darme su golpe y a dejar sus impresiones
en el aire


sólo entonces descansa y me encuentra bueno
y acude soportando en silencio el dolor que en pos de nosotros arroja al mundo


y no nos separamos
y me peina medio dormido
y me tuesta el pan por la mañana
y vuelve a instruirme
y me besa con su constancia y su corazón en llamas
y viene a decirme que me volvería a dar a luz sin exhalar una sola queja.

   
Image

         INES BLACKIE



OSCURO TEMBLOR DE PIEDRA HUMANA


                     I

            Dedicatoria

Al hombre o mujer que rompa
el casco de su propia calavera
y lo dispare hecho astillas
contra la miserable máscara del mundo,
al que interrumpa el curso de sus venas
con un nudo nuevo puro indescifrable
y tire de él, y tire
hasta cortar todos los lazos de sangre,
los dorados anillos, la tradición irrevocable,
la obsecuente costumbre.
Al que absorba toda la noche sin grito
y sin cuchillo
hasta la invisible
sombra de la sombra,
espasmo anónimo en el que sedimentan
las hojas crocantes del dolor
y la amarilla inocencia del aromo
cuando cae.
A esa piedra humana
ya sin boca ni dedos
que no estremece el beso ni la caricia,
sólo la conciencia del viento
y de la lluvia.



                     II

Si yo fuera yo vendría a salvarme
montada en un caballo de tormenta,
ladrarían entonces los enanos
del hocico encendido por la herida
y temblarían las uvas al caer
sobre la tierra entreabierta.
Pero no es esta mi mano la que es mía
ni son estas varas sin rechinar de coyuntura
las últimas piernas que yo tuve,
hay un empujar en el subir
un estrujar en el bajar
y la visión de mi cabeza precipitándose en el suelo
como una piedra muda con los ojos cerrados.



                    III

Oscura verticalidad acompasada
llevándose los nombres de las cosas
entre los dientes.
Quién dijo que le rebanan a uno
la cabeza,
quién consagró su pescuezo
con un corte rápido y certero,
la muerte es un gusano latiendo
en el intestino de la vida,
su diario parásito,
su rutina.
Crecer y morir al mismo tiempo,
ésa es la herida.



                  IV

Mi nombre no es esta
palabra sin tendones
ni la rúbrica sellada
en el costado amargo de mi muslo.
Mi nombre no viene del latín ni va hacia el grito
final que nos elevará
después de todo.
Mi nombre tiembla en el surco
que multiplica los dedos
y escapa en cada pluma que pierdo
con el viento tenaz de la costumbre.
Hasta dónde esparcirme
y hasta cuándo esta piel
abandonándome.
Mi nombre se ha rasgado ya todas las letras
y ha quedado solo,
piedra de la piedra,
silencio acuñado
en el silencio.





                        V

Alguien vigila mi entrada al fuego
con su mirada sin ojos.
El aire me lleva al compás de una nube
donde ya no soy.
El filo del miedo eriza
mi pensamiento
para el ritual del amor o de la muerte
alguien me desviste alguien habla alguien
acaricia mi carne antigua, los cauces
de mis venas
abandonados sin
desembocadura.




                          VI

No hay pellejo sobre la carne desierta
ni atadura de huesos que sostenga,
soy la pulpa de un higo trunco
que entra en la noche sin boca
y sin cuchillo,
esponja deshabitada de cintura,
oscuro latido de un residuo de espuma.

Cada vuelo es caída.
Ningún brazo la rama.

Ya no adormece el dulce y arrullador zumbido
que enrosca la telaraña del tiempo
en mis oídos.




                  VII

Si la caída acabara
en esa cuchara todo vientre,
única curva de los jugos olorosos,
si el dolor descansara
en ese ir y venir de los labios
a ritmo acompasado
pero sólo hay un escurrirse entre los dientes
del tenedor preciso en el desgarro,
un lento llevarse los sentidos
de las cosas, los higos del deseo,
la semilla.
Si al menos la muerte fuera honda
de tibia arcilla,
si hubiera tiempo de ir a buscar mi costado
de cartílagos tiernos
en la orilla del mundo.


OBRA: Cabeza cortada de un santo mártir, 1670, óleo sobre lienzo,
53 x 72 cm., París, Museo del Louvre, de Sebastián de Llanos y
Valdés.