lunes, 19 de septiembre de 2011


                

               CARLOS SURGHI
















Ungüento para bambis

Cuando me duermo en las reposeras
y el sol me besa demasiado

 sueño con todos los muertos…

 y acaso eso sea
el principio que resuelve
volver a ser feliz

 en los laureles de Diótima
el arco de Diana
o los dieciocho años
de la señorita Fanny Brawne…

 así una chica
que tiene tu rostro
y también tu nombre
-pero no sos vos-
me habla al oído,
me despierta al otro extremo
de la siesta de febrero



deja a mi lado
un aparato mágico
con su combustible
para válvulas y bujías
que al usarlo sin querer
aprieta mis sienes
obligándome a decir






¿cómo habré llegado
al ritmo de otra forma
sonámbula o innecesaria
en la cual poder hablarte,
siguiendo qué o a quiénes
arrodillado ante toda
la nueva música de ese idioma?  



y al encenderlo cruzo,



como las loritas fluorescentes de los árboles
la armadura de las langostas en las hojas
el aguijón juguetón de las abejas,



los pasos
las sombras
el agua siempre quieta
que separa



la planta alta
el azul de las piletas…



y fumo
adentro de una pequeña vasija
donde el liquido explota sus mil chispas



ruidos por aquí
ruidos por allá



en la escalera de metal
que baja a las cocheras
y mira hacia el oeste…




¿no es extraño vivir tan cerca
para hablarnos con los hilos de un fantasma? 



y es la inmovilidad
o la concentración mecánica
que dicta presurosa
el tono de esta fábula  



donde Menón, con flores y acertijos para enamorarnos
también quería escribirlo…



esa voz que me llamaba
lo que no le hacía lugar
a la sombra de todas tus palabras,
o la canción dormida
que inventé para las noches



cuando algo de lo que más querés
en la superficie del plasma
tintinea sus
gotitas de sorpresa…



mientras



los peluqueros
los albañiles
los enamorados
que habían arreglado mi cabello
para la consagración del día
también fumaban,
despacio y con estilo
por la tarde
al encontrar
el color verde que marea
cuando yo pensaba en atrapar
eso que supongo entenderías…


¿por qué llevabas unas guirnaldas
para adornar un sueño
y mantenerlo vivo
siquiera por
creer en todo lo dicho entre el silencio?



¿qué vas a hacer con ésto
cómo es posible que te guste
sin llegar a entenderlo,
y si el engaño
se pareciese al nombre
y si el ensueño
se deshilara en dudas?



vivir pendiente del enojo
que puede rifar la verdad
desgasta el mecanismo del corazón
imanta el consuelo que trae
engañarlos por amor…



sentada junto a la ventana
enamorada de vivir
besando con tus pies
la frescura de los pisos de parqué



con tu ropita a la moda
ola vanidosa del verano



creí que aún
podías quedarte…



¡Oh sí qué simpática
dulce y graciosa,
acaso la impunidad que da
querer morir a los dieciocho!



y tener algo
que yo jamás
voy a volver a tener
pero que vos,
ponto lo vas a perder…



¿podría llamarse tesoro
metáforas del vacío  
escalofríos de la sensación
incandescencia nocturna



o simplemente



ungüento para bambis



en lo frágil que adormece
las locuras abrigadas del corazón?



para mi son los dientes apretados
que no usamos
tan sólo al escribir



y es que…



hay una musiquita
en la punta de la lengua
resonando en tus orejas



con la cual llamás



pronto y con más deseo

al genio diminuto
que agita entre los dos
todo este cansancio…



yo que la busco
la envidio
sólo porque me pregunto



¿con cuánto apremio
mereciendo su artificio
o su carburante ecológico
me haría dueño de ella?



¡Oh sí, tan sólo se trata de una celebración
una coreografía de máscaras para la lluvia
en la cual lo único que cuenta  
son los días y más días consagrados al deporte!



o las cositas escritas
para darle un nombre al próximo dolor
entre horas muertas que nos dicen



“El amor puede hablar
de otro amor
si es preciso…”



como ahora que estás sola
con las guirnaldas quemadas a tus pies
soñando el otro lado
en la intimida que anima
el pulso de las cosas…



y así a veinte minutos de distancia
ya tan pronto
hay que darse vuelta,

reiterar la aplicación
es el sinónimo
que acariciar la piel cansada,



las dermatólogas recomiendan
para parte posterior



también esta serie de cuidados



caros lubricantes del amor…



¿pero de qué sirve lo escrito
si sólo es eso que gané
al tiempo que esperamos
por algo que nos queme
como una insolación?



la concentración que merecemos
para aguardar por el deseo
entre esto y aquello que pensamos
es el peso específico de ese aceite,



como dicen en sus confidencias de oficina
las empleadas públicas infieles: 



protege y a la vez broncea



del eco o reflejo



simpática ventolina
radiación enamorada…

y vas a ver que sí, ahí
como un inyector que todo lo impulsa
la poesía
ese fantasma entre las hojas
que lo hecha a perder o lo justifica,
es más que algo
resuelto y magnífico
por la magia de la tecnología



dura la revelación
que tardan los muertos
en dictar su brisa a los oídos
por los movimientos
de su última canción…



¿es acaso la dulce humillación
que trae por la tarde
la fauna ensoñada
de un último verano


o para decirlo de otro modo

 por qué escribiremos los dos
en la libertad de estos papeles
sobre los oficios veraniegos
sin mostrarnos o decirnos
esas cosas borroneadas?

 los años mal vividos
la tonta equivocación de Eros
se redimen en los libros,

 cuando los leas y lo aprendas
a mi máquina le quedará
el recelo de los otros…

 ¿y quién
podría explicar
lo que vuelve
del primer estado de enamoramiento
como si las estrellas químicas hablasen de ello
sin recuerdo
o cualquier exageración perdonada
y nada
otorgase tiempo a conceder
ventajas y reproches
tan sólo por lo dicho?

 ¡Oh sí, nada más hermoso
que el ungüento para bambis
con el cual poder mover
todos los vapores de deseo
que animan este sueño!


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